Los mitos del amor romántico

Los mitos del amor romántico

Muchas personas vivimos en la creencia que nos ha inculcado la sociedad de que debemos buscar nuestra otra mitad y que solamente de esa forma, nos sentiremos completas. Las películas de Disney, donde todas las princesas encontraban a sus príncipes, son un reflejo del deseo de muchas mujeres y hombres: encontrar a la persona ideal.

Y entonces todo es perfecto: vivieron felices y comieron perdices.

Este ideal del amor romántico, que crea ciertas expectativas irreales de lo que debe ser una relación, es un potente generador de desigualdad.Precisamente por ello, debemos contribuir a la desmitificación de una serie de creencias para que no las hereden las nuevas generaciones y que sean capaces de establecer relaciones sólidas, basadas en el respeto y la igualdad de roles.

En este artículo, queremos dar a conocer cuáles son esos mitos del amor romántico y que juzgues por ti mismo/a si te ves reflejada/o en alguno de ellos. El darnos cuenta, será un primer paso para ser más conscientes de cómo pensamos al respecto.

#1. Mito de la media naranja. También conocido como “solamente hay una persona en el mundo ideal para nosotros y estamos, de alguna forma, predestinados”.

Tener una relación es una elección personal y no un requisito indispensable para ser felices. No es necesario que pasemos la vida entera buscando a la persona ideal que nos complemente, porque esa persona ya la tenemos y somos nosotros/as mismas/os. Nacemos completos/as de serie.

#2. Mito de la unidad. Hay que compartirlo absolutamente todo, porque somos uno. Hacerlo todo juntos, ir a los sitios juntos y estar siempre juntos.

Cada persona, aun cuando se haya acordado unirse para formar un proyecto de vida en común, debe tener su propio espacio y sus propias actividades. Y esto no significa excluir a la otra persona, sino vivir experiencias por separado que después contribuyen a enriquecerse mutuamente. No hacerlo puede conllevar a una pérdida de identidad en la que finalmente, no te llegues a reconocer a ti misma/o.

#3. Mito del matrimonio o convivencia. Solo se puede ser feliz si se halla a la otra persona y entonces seremos uno y realizaremos nuestros sueños viviendo juntos o contrayendo matrimonio. Es la finalidad de toda relación.

Aunque la mayoría de relaciones buscan la convivencia, es más importante que evaluemos si realmente es esto lo que queremos y no que sea algo que nos venga impuesto. Debemos determinar primero si la relación nos aporta satisfacción personal y si está alineada con las expectativas de vida que tenemos antes de darla por finalizada ante la imposibilidad de convivir con la persona por alguna circunstancia.

#4. Mito de la omnipotencia. El amor todo lo puede y es garantía suficiente para superar cualquier problema u obstáculo.

Hay veces, que por mucho que se quiera a la otra persona, hay que ver más allá y poner en la balanza incompatibilidades, el encaje de los proyectos de vida de cada uno, problemas del pasado sin resolver que afectan al presente, etc. Y valorar, con todo eso, si se considera que la otra persona puede aportar valor a tu vida y en consecuencia, agilizar la toma de decisiones acertada frente a los problemas que se puedan presentar.

#5. Mito de la perdurabilidad o pasión eterna. El amor pasional de los primeros meses debe continuar siempre así.Y si no hay pasión, es que no hay amor.

Al principio de las relaciones, se da la fase de enamoramiento y que incluso produce cambios a nivel hormonal. Dependiendo de las personas, tiene más o menos duración, pero esta pasión y euforia inicial es normal que se acabe apaciguando y que se transforme en un amor más sereno donde la base no sea un cóctel hormonal, sino que sea la complicidad, el apoyo y la confianza. El enamoramiento no es equivalente al amor.

#6. Mito de la exclusividad. El estar enamorado de otra persona comporta, necesariamente, que solamente tengas ojos para ella. Y esto significa que no debes sentir atracción por nadie más.

A lo largo de una relación, cuando esta ya es más o menos estable, van a ir apareciendo otras personas por las que puedes sentir atracción física. Esto no debe suponer ningún problema, puesto que queda en nuestras manos establecer los límites de esta atracción y no ir más allá si no lo deseamos.

#7. Mito de los polos opuestos. Los polos apuestos se atraen y cuanto más diferente a mí sea la persona, más atracción y más amor.

Lo cierto es que está comprobado que sentimos más atracción por personas complementarias a nosotros/as. Es decir, que tengan gustos, ideologías y expectativas similares a las nuestras. Y cuantas más cosas se tengan en común, es más probable que la relación se mantenga en el tiempo.

#8. Mito de los celos. Se entiende como un indicador del amor verdadero. Si no existen los celos, no hay amor.La persona me pertenece, es mía y de nadie más y por eso la celo.

Los celos son ansiedad por pérdida y no constituyen un sentimiento positivo en ningún caso. Solamente se puede perder algo que se considera propio y exclusivo. Son un indicador de que percibes al otro como una posesión y no como una persona libre de poder estar con quién desee cuando esta desee estarlo.

#9. Mito del emparejamiento. Lo natural es tener pareja y estar siempre en pareja. Estamos programados para ello y no es bueno estar solo.

El amor esta condicionado en parte por factores sociales y culturales que ayudan a establecer un prototipo de lo que deben ser las relaciones. Pero esto no es real puesto que cada persona tiene unas necesidades distintas y precisamente por ello, no todas las relaciones son iguales ni tampoco todos debemos tenerlas simplemente porque podemos no quererlo así.

#10. Mito de las discusiones. Quienes se pelean, se desean. Es normal discutir. Discutir mucho, significa que nos queremos mucho. Las discusiones son necesarias para afianzar la relación porque después viene la reconciliación.

No debemos normalizar el acto de discutir, sino el hecho de que haya diferencias de opinión porque somos personas distintas. Estas situaciones son sanas, siempre y cuando se gestionen de forma constructiva y no violenta. Es decir, que más allá de la frecuencia en la que se den o de quién tenga o no razón, está el llegar a un acuerdo y no callarse por no ser el momento oportuno.

Para complementar este artículo, si se quiere profundizar en estos temas, recomendamos un par de libros muy sencillos de leer a la par que entretenidos. El primero es “Ya no sufro por amor” de Lucía Etxebarría que trata más en profundidad estereotipos de la sociedad acerca del amor, los tipos de relaciones que pueden darse, e incluso el papel de la televisión en todo el tema. El segundo es “La princesa que creía en los cuentos de hadas”, de Marcia Grad Powers, (el cual ya va por su 75ª edición) y que relata las aventuras de una princesa. Lo interesante de este libro es que se caen todos los mitos del amor romántico anteriormente expuestos cuando empieza a valorarse más a ella misma, ello no sin pasar por una fase profunda de reflexión y búsqueda de la verdad en su interior.

Vicenta Ardid Seguí- Criminóloga y Psicóloga

María Ardid Seguí- Psicóloga y Coach



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