Heridas

Heridas

Nos sentimos tremendamente afortunadas de compartir el revelador relato “Heridas” del libro, en el que en la actualidad, está trabajando su escritora Jessica Hidalgo. Se define así misma como una mujer aficionada a la escritura como forma de expresión de lo que siente. Sin duda alguna, valiente, curiosa, empoderada y comprometida con la sociedad. ¡Gracias por este enfoque de la vulnerabilidad y esperamos con mucha ilusión su nuevo libro!

*

“En mitad de la noche, en la oscuridad, de nuevo el mismo sueño, el mismo dolor en el pecho, como si tuviera clavado un puñal. Vuelve a sentir el dolor de la traición, un dolor que abarca toda su alma, todo su cuerpo.

– ¿Pero por qué otra vez?, si aquello ya pasó, ya ni siquiera importa. Nunca hubo confesión, no la necesito, sé que me traicionó.

La luz del día le despierta, es hora de levantarse. No puede evitar sentir la resaca de la pesadilla.

– ¿Cuándo acabará todo esto?, se pregunta.

El sueño se repite cada 15 días. No le hace falta mirar el calendario para saber que está ovulando. Su fragilidad es mayor en esos días, es como si reviviera todo lo que le ha dañado.

– Acepto lo que pasó, pero ¿por qué no se cierra ya la herida?

Empieza el día, ella misma se calma diciendo:

-Solo ha sido un sueño, estoy en esos días, es solo eso, olvídalo.

Mete su mano en el cajón del baño para coger el cepillo del pelo.

-Aah! ¡Me he cortado! Una cuchilla sin protección.

– No sé qué diablos hace aquí, menos mal que me ha pasado a mí y no a uno de los niños.

Su dedo sangra, pero no tiene tiempo para mirarlo demasiado. Una tirita y sigue, en media hora tiene que estar en la oficina.

-Espero no mancharme la camisa.

Al final del día, tras la ducha, un roce y de nuevo:

-¡Ufff! ¡Qué daño!

El dedo vuelve a sangrar. El dolor es aún más fuerte que por la mañana cuando se cortó.

Le duele toda la mano, mira sus dedos y siente como si no pudiera moverlos.

-Qué curioso, un corte en el dedo índice y el dolor abarca todos los dedos.

Se mira la mano, no lo entiende, mueve un dedo, no reacciona del todo, mueve el otro y el dolor no cesa.

-Joder! Un simple corte y no veas la que se ha liado.

Decide ir al baño a buscar un poco de yodo y algunas gasas, esta vez observa la herida, la mira mientras sangra. Envuelve su dedo y lo deja descansar unos minutos, por fin el dolor ha cesado.

– Tendría que habérmelo curado esta mañana, es normal que al llevar la herida abierta todo el día haya empeorado.

Eso le dio que pensar.

-Ahora lo entiendo. Pasé demasiado tiempo sin buscar el motivo de mi dolor, ni si quiera me paré a analizarlo. Cuando sospeché de la traición yo misma la dejé a un lado, haciendo ver que no la veía, aunque el dolor siempre me indicó que algo no iba bien, sin embargo, mi miedo a mirar de frente empeoró la situación. La herida se hizo tan grande que todavía necesita tiempo para su curación.

Debemos mirar el dolor sin miedo, analizarlo y saber de dónde viene, solo así le estaremos dando la atención que se merece. A caso, ¿crees que tiene otra función? El dolor nos indica que algo no está bien, si quieres que cese debes hacerle caso, si no lo haces, se expande y el remedio para curarlo será cada vez más complicado”.

@jessicahidalgo

 



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