¿Adictos al mal de amor?

¿Adictos al mal de amor?

“Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo, si solo sabe amar a los demás, no sabe amar en lo absoluto”. Erich Fromm, El arte de amar.

Caminaba por una calle poco transitada en busca del lugar “perfecto” para tomar café con una amiga muy querida, ella desde hace días quería hablarme pero yo, cobarde al frío, siempre conseguía una excusa muy buena para no dejar la calidez de mi bata de casa. Esta vez no me pude escapar. Nos sentamos en un cafecito bastante sencillo. Me atrajo como mosca a la miel un enorme gato amarillo que pertenecía al local.

Con la esperanza de que se dejara mimar me senté con mi amiga en las mesas exteriores soportando el frío otoñal. Finalmente le dije: ¿Qué hay de nuevo? … me dijo: “hace un par de meses que he terminado mi relación de pareja y literalmente no puedo respirar”… no era momento para bromear y decirle: “pero yo te veo bastante viva” por qué en el acto comenzó a llorar.

Eso me hizo recordar cuan doloroso es sentirse así. ¿Qué se le puede decir a alguien en ese momento? No hay libro, revista, articulo, terapeuta, mago, brujo, religión posible para esta sensación de duelo tan pesado y duro. Oí a un buen amigo una vez decir: “El duelo de la pareja es el que más duele porque es a la única persona a la que eliges conscientemente” si esto es cierto, me resuena en la mente que lo que duele de la perdida de pareja es haberte equivocado, elegido mal o quizás la culpa de elegir para ti alguien que te causó dolor. La verdad es que, según la definición de amor de los más iluminados, amor es dejar ir y ser feliz con la felicidad del otro aunque no sea contigo, estos dos conceptos van en sentido opuesto, pero eso es otro tema.

¿Qué le digo a mi amiga? La verdad, en ese momento no le dije nada. La dejé que me expresara su dolor. Me quedé algo preocupada y le envié un mensaje al móvil que me contestó con una llamada. Le pregunté que pensaba hacer y me dijo que lo llamaría, que iría a su casa, tenía como mil planes de reconquista donde dejaba ver que ella era 100% responsable de la ruptura. Traté de hacerle ver que eso no era cierto, que conocía un grupo que podía ayudarla pero todo fue en vano. Entonces simplemente me senté a esperar.

Casi seis meses después de visitas sorpresa, cartas efusivas, juramentos de cambio, llamadas infinitas, conversaciones con la familia del chico, persecución de sus amigos, paranoias e insomnio, tocan a mi puerta: – ¿Dónde es ese grupo al que tengo que ir? … estaba totalmente desencajada, pero convencida de que “había hecho todo lo posible por la relación” tanto ella como yo sabíamos que eso no era cierto. Siempre se podía hacer algo más. Y de ahí la adicción.

Reconocer que se es adicto a una relación disfuncional no es sencillo, hay gente que no lo reconoce nunca y pasa toda su vida esperando que el otro cambie. Otras como mi amiga tuvieron el valor de rehabilitarse en un grupo de codependencia.

¿Qué nos hace ser así?

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